El perdón
Una venia al perdón, al exculpar las fallas. No las ajenas, sino las propias, las más difíciles de sanar. Aquellas que cometemos con los sentidos trastocado s, t an inapropiados y hasta ridículos. No nos damos cuenta hasta que la vida desacelera, hasta que volvemos a nosotros... cuando, por lo general, es demasiado tarde. Una ardua arte: pedir perdón. Perdonarse es otro calibre. E s agua entre los dedos. Hacemos un cuenco, luego ni atisbamos su fuga. Creemos superar, suponemos olvidar. Una carcajada , escenas de la vergüenza. nadie las recuerda. Tu sí , nada se te escapa. T odo lo que deja s por ahí guardado, sin ventilarlo lo suficien te, es ropa m al seca.